Mensaje Cuaresmal del Cardenal Francisco Robles
A TODA LA IGLESIA QUE PEREGRINA EN MONTERREY: ¡PAZ Y BIEN!
Muy queridos Hermanos y Hermanas en el Señor:
Con la ayuda de Dios el día 17 de febrero, miércoles de ceniza, comenzaremos el tiempo litúrgico de la Cuaresma, razón por la cual me dirijo a toda la Iglesia de esta Arquidiócesis de Monterrey, para exhortarlos a que todos juntos vivamos este período cuaresmal en un sincero y decidido espíritu de conversión.
Los signos que nos ayudan para expresar y reafirmar la conversión son: La oración, la meditación de la palabra de Dios, la penitencia, la austeridad de vida, las obras de caridad, la renuncia al egoísmo y a la avaricia, pero todo cimentado en el amor a Dios y al prójimo.
El cristiano que realmente quiere convertir su vida al Señor, no puede olvidar que tiene que vivir con alegría y generosidad la invitación de Cristo: "El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y que me siga, pues el que quiera salvar su vida, la perderá, pero el que pierda su vida por mi causa, la salvará" (Lc. 9, 22 ss). Este es queridos hermanos, el secreto de la Cuaresma, perder la vida para ganarla.
El Papa Benedicto XVI, en su acostumbrado Mensaje cuaresmal, desea reflexionar especialmente, sobre el valor y el sentido de la justicia. La Iglesia nos invita a una sincera revisión de nuestra vida a la luz de las enseñanzas evangélicas. Este año quiere proponernos algunas reflexiones sobre el vasto tema de la justicia, partiendo de la afirmación paulina: «La justicia de Dios se ha manifestado por la fe en Jesucristo» (cf. Rm 3,21-22).
La definición clásica de la palabra "justicia", que en el lenguaje común implica "dar a cada uno lo suyo", no aclara en realidad en qué consiste "lo suyo" que hay que asegurar a cada uno. Aquello de lo que el hombre tiene más necesidad no se le puede garantizar por ley.
La injusticia, fruto del mal, no tiene raíces exclusivamente externas; tiene su origen en el corazón humano, donde se encuentra el germen de una misteriosa convivencia con el mal… ¿Cómo puede el hombre librarse de este impulso egoísta y abrirse al amor?
¿Cuál es, pues, la justicia de Cristo? Es, ante todo, la justicia que viene de la gracia, donde no es el hombre que repara, se cura a sí mismo y a los demás. El hecho de que la "propiciación" tenga lugar en la "sangre" de Jesús significa que no son los sacrificios del hombre los que le libran del peso de las culpas, sino el gesto del amor de Dios que se abre hasta el extremo, hasta aceptar en sí mismo la "maldición" que corresponde al hombre, a fin de transmitirle en cambio la "bendición" que corresponde a Dios (cf. Ga 3,13-14).
Que este tiempo penitencial sea para todos los cristianos un tiempo de auténtica conversión y de intenso conocimiento del misterio de Cristo, que vino para cumplir toda justicia.
Al mismo tiempo deseo exponer que, por acuerdo con la Conferencia Episcopal Mexicana, queremos hacer también tema de reflexión para este tiempo la carta pastoral "QUE EN CRISTO NUESTRA PAZ, MÉXICO TENGA VIDA".
Y recordar que, según el Código de Derecho Canónico se establecen las siguientes normas para la disciplina penitencial:
- El Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, se observará el ayuno y la abstinencia de carne.
- La ley de la abstinencia (de carne) obliga a los que han cumplido 14 años. La del ayuno a todos los mayores de 18 años, hasta los 59 años cumplidos.
- La abstinencia de carne, excepto el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, puede cambiarse por otras obras buenas, tales como: alguna obra especial de caridad, una obra especial de piedad, por algún sacrificio voluntario significativo.
Pidamos a Dios, dador de todo bien, que nos bendiga abundantemente en este itinerario cuaresmal que nos conduce a la feliz Pascua de Resurrección.
Dado en la Sede del Arzobispado de Monterrey, a los 08 días del mes de Febrero del año del Señor de 2010.
Atentamente.
+ J. Francisco Card. Robles Ortega
Arzobispo de Monterrey

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