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| Descubramos, como la Virgen María, nuestro ser discípulos y misioneros La actividad misionera de la Iglesia, no se limita al envío de unos cuantos hermanos nuestros a los lugares alejados de nuestra realidad, en donde, suponemos, existe una mayor necesidad de Dios. Cometeríamos un grave pecado de omisión, si limitáramos esta encomienda, que Jesucristo ha hecho a TODOS LOS BAUTIZADOS, al envío de unos cuantos, pensando que esta es una actividad "exclusiva" de los consagrados a Dios. Pero aquí conviene hacernos una pregunta: ¿qué no es cierto que todos los bautizados estamos consagrados a Dios? Claro que sí, así que, por nuestro bautismo, somos llamados a vivir esta experiencia de amor, buscado dar a conocer que el Reino de los Cielos no es algo lejano y limitado, sino que es una realidad y ya está aquí, convocándonos a TODOS a ser parte de él. A lo largo de la historia de la salvación, Dios ha permitido que hombres y mujeres nos den testimonio claro de entrega fiel al servicio de los demás, demostrándonos que, a pesar de las limitaciones humanas, siempre existirá al auxilio divino. Un maravilloso ejemplo que tenemos, lo encontramos en la Santísima Virgen María. Ella, al saberse Madre de Dios, no se quedó con los brazos cruzados, esperando la llegada del Mesías, sino que desde el primer momento nos demostró el quehacer de un discípulo: "Fue a servir a su prima Isabel". La misma Madre de Dios, nos da la pauta de lo que debe ser un discípulo de Cristo: un misionero permanente. Ella llevaba al mismo autor de la Vida en su vientre, y con su visita, nos ha dado la prueba de que un discípulo del Señor, debe ir al encuentro de quien lo necesita, llevando a Cristo en su corazón, en sus palabras y acciones. Este mes de octubre es doblemente importante, por una parte nos invita a orar por los que trabajan en tierras lejanas, ejerciendo su ser discípulos misioneros, y a colaborar económicamente para auxiliar sus necesidades. Por otra parte, el mes de octubre es dedicado a la Virgen del Rosario. Dos grandes motivos, que si bien pueden ser uno, y nos invitan a realizar un alto en el camino y disponernos valientemente a responder a la invitación del Señor: "Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio". Podemos empezar por nuestro "pequeño mundo", nuestra familia, trabajo, escuela, etc. Tal vez no podamos desplazarnos hasta los lugares más alejados, pero sí podemos acercarnos a quienes conviven cotidianamente con nosotros, y compartirles que Cristo no es un mito, como algunos piensan, Él es una realidad, Él es quien, enviado por el Padre, ha venido para que tengamos vida, y la tengamos en abundancia. Pbro. Juan José Martínez Segovia. |
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